Empieza con una inspección para ubicar entradas, rutas y madrigueras. Con eso se decide la combinación de trampas, jaulas y cebos rodenticidas registrados, colocados donde no los alcancen niños ni mascotas.
El trabajo no termina con la captura: el mantenimiento general consiste en cerrar los accesos y revisar periódicamente los puntos de control para impedir que entren roedores nuevos. Por eso en comercios suele hacerse con visitas programadas.
Si en tu local también aparecen zarigüeyas, avísanos en la solicitud: se manejan con jaula, no con cebo.
